Las economías de América Latina nos plantean hoy en día un extenso número de interrogantes relacionados con su productividad y competitividad internacional, con el grado de concentración económica y de competencia prevalente en los diversos sectores productivos, con la capacidad de generar nuevos empleos y valor agregado domestico y con la vitalidad de su capacidad innovativa y tecnológica interna, entre otros.
Los esfuerzos de apertura comercial externa y de desregulación y privatización de la actividad productiva de las últimas dos décadas pueden verse como la respuesta que la corriente mas ortodoxa de la profesión ha intentado dar a lo que interpretara como el fracaso del modelo ‘endo-dirigido’ de sustitución de importaciones. Se supone que una estructura productiva mas abierta a la competencia, mas desregulada y con menos participación del sector público en esferas estrictamente productivas debería alcanzar un mejor desempeño de largo plazo que el que los países de la región obtuvieron en el pasado en el marco de la estrategia sustitutiva.
Tras dos décadas de reformas estructurales parece ya tiempo de preguntarnos si dichas expectativas efectivamente se han materializado ?. Ha mejorado la productividad relativa de la región, respecto al pasado ?. ¿ Muestra la evidencia empírica que se está cerrando la brecha relativa de productividad factorial respecto a países del mundo desarrollado ?. ¿ Qué impacto en términos de empleo, equilibrio comercial externo, y heterogeneidad estructural del aparato productivo han tenido los cambios en el régimen global de incentivos que implementaran los diversos países de la región en el curso de los últimos años?. Estas son algunas de las preguntas centrales que requieren urgente debate en la actualidad.
Los esfuerzos de apertura comercial externa y de desregulación y privatización de la actividad productiva de las últimas dos décadas pueden verse como la respuesta que la corriente mas ortodoxa de la profesión ha intentado dar a lo que interpretara como el fracaso del modelo ‘endo-dirigido’ de sustitución de importaciones. Se supone que una estructura productiva mas abierta a la competencia, mas desregulada y con menos participación del sector público en esferas estrictamente productivas debería alcanzar un mejor desempeño de largo plazo que el que los países de la región obtuvieron en el pasado en el marco de la estrategia sustitutiva.
Tras dos décadas de reformas estructurales parece ya tiempo de preguntarnos si dichas expectativas efectivamente se han materializado ?. Ha mejorado la productividad relativa de la región, respecto al pasado ?. ¿ Muestra la evidencia empírica que se está cerrando la brecha relativa de productividad factorial respecto a países del mundo desarrollado ?. ¿ Qué impacto en términos de empleo, equilibrio comercial externo, y heterogeneidad estructural del aparato productivo han tenido los cambios en el régimen global de incentivos que implementaran los diversos países de la región en el curso de los últimos años?. Estas son algunas de las preguntas centrales que requieren urgente debate en la actualidad.